¡Nos vamos al cole!

Se nos hacen mayores… y cuando menos nos damos cuenta, ya les estamos colgando una mochila casi más grande que sus minúsculos cuerpecitos para que estrenen otro nuevo e importante escenario en sus vidas: ¡El Cole!

Para todas las familias, el ingreso de sus hijos en un centro educativo es un hito importante. Después de haber pisado tierra firme, supone zarpar hacia un mar de dudas. Unas más banales: ¿llorará?, ¿pegará?, ¿le pegarán? ; otras más existenciales:  ¿habremos elegido bien?, ¿cómo será su profe?, ¿que tal se adaptará?… . Al fin y al cabo es lo normal si pensamos que estamos “depositando” en otras manos la responsabilidad del cuidado y educación de nuestros más preciados tesoros.

Pero, ¿qué ocurre cuando a este incierto comienzo se añade un “ingrediente” más, llámese “alergia alimentaria”?.  En esos casos, y doy fe por la entrada de Ale en la “guardería” el año pasado (conste que no me gusta llamarla “guardería” así pero lo hago para que se me entienda), el comienzo de la etapa escolar se convierte en un momento de cierta angustia.

Y es que una no ve el cole, una ve muchos niños con mochilas llenas de batidos, de bollería y quesitos de la vaca que ríe (pero que a mi no me hace ni puñetera gracia). Una ve manos llenas de chocolate y churretes lechosos.  Una sólo ve cumpleaños (con sus tartas y “to” sus avíos), que parece que  nunca se concentraron más por metro cuadrado, que te da la sensación que hay niños que los cumplen dos veces, ¿es que ya nadie nace en agosto?. Una sólo ve que los miércoles es el día de los lácteos y que si esa mañana recibes una llamada atípica te flojearán las piernas,¡y lo sabes!…

Ahora que ya habíamos conseguido hacer de nuestro hogar un espacio seguro, ahora que habíamos hecho lo propio con las casas de los abuelos, ahora, parece que ya no hay nada que hacer…lo que ocurra dentro del cole se queda fuera de nuestro alcance. ¡Pues no! Sí que se pueden hacer algo, y por ello, en un arrebato pedagógico, me he encargado de hacer este sencillo vídeo para que maestr@s, profes y otros profesionales de la educación, conozcan algunas buenas prácticas para gestionar la alergia en espacios educativos.

Elaborarlo ha sido complicado,  teniendo en cuenta los huecos imposibles que me dejan mis dos pequeñeces, así que ahora sólo os pido que me ayudéis a difundirlo  y hacer fuerza para que esta onda llegue bien lejos. Tampoco pido tanto, ¿no?. Espero que os guste.

 

 

 

Deja un comentario