Mea culpa

Abrir las puertas de mi vida a la maternidad hizo que se colara en ella otro sentimiento poco habitual hasta entonces en mi repertorio de emociones: la culpa.

Yo nunca he sido “muy de” culpa ni de remordimientos. Siempre me he visto atraída por planes nómadas y ello me ha llevado a moverme y decidir sin “ataduras”.  Durante años he descartado cualquier opción con obligación de permanencia, hasta para la tarifa de mi móvil. Y aunque he querido y  cuidado a quien ha estado a mi lado, hasta el nacimiento de mi hija, nunca había  tenido que “hacerme cargo” de nadie más que de mi misma.

En cuanto a mascotas: ni perros, ni gatos, ni ningún otra especie exótica. ¿Plantas?, sí, he tenido alguna, pero todas han acabado “ingresadas en la UCI de mi madre” que milagrosamente las ha devuelto a la vida cuando yo las daba por desahuciadas, secas de agua y  cuidados.

Hasta que un día llegó esa personita que venía a cambiar mi universo y mi órbita de rotación. De repente,  lo más pequeño se convertía en lo más grande. Con ella llegaba  ese amor inconmensurable, la protección más animal … pero también llegaba el sentimiento de culpa, como parte de un pack indivisible que se nos entrega a las mamás.

Estando embarazada de Alejandra terminé uno de mis tantos contratos temporales. Cuando ella nació no tenía un trabajo al que volver. Rozaba las 15 semanas de mi “NO BAJA MATERNAL”, cuando se me presentó una buena oportunidad laboral. Recuerdo la alegría de haber encontrado trabajo “tan pronto” enturbiada por la culpa de tener que dejarla “tan pronto”. Recuerdo el “sí” agridulce que di a aquella oferta. Recuerdo no poder disfrutar de horas de lactancia por tratarse de una empresa nueva, de un contrato nuevo. Recuerdo las jornadas completas, las tardes infinitas  y llegar a casa cuando moría el día, esos días de invierno que mueren temprano. Recuerdo mi frustración  al saber que estaba perdiendo tantas primeras veces de tantas primeras cosas que hacen los bebés a diario. Recuerdo la  impotencia de la incompatibilidad. Y recuerdo la culpa, esa culpa que pesaba más que el cansancio y más que la deuda histórica de sueño que todas las madres tenemos en el “debe”.

Fue ahí, en medio de esa decepción de verificar que la conciliación no existe, en esa lucha conmigo misma por intentar encontrar ese equilibrio imposible, entre mi “yo mamá” y mis otros “yoes” (mi yo pareja, mi yo profesional, mi yo mujer…), cuando otra ráfaga de culpa me golpeó con fuerza. Y es que, si ya de por sí  esta sociedad te hace vivir la maternidad con elevadas dosis de culpa, estas dosis pueden hacerse “XXL” cuando descubres que tu bebé sufre una alergia alimentaria. Y así, en la primera consulta de urgencias te abofetea la culpa cuando te enteras de que, sin saberlo, “has podido” contribuir a desencadenar la alergia de tu hija con algún gesto inocente como el de darle un  “biberón pirata”*. Y aunque no es seguro que este hecho haya sido tan determinante (obviamente tu bebé ya tenía una importante predisposición genética a desarrollar la alergia), la mera posibilidad ya empieza a pesar en tu espalda. Y tú, “costalera de la culpa”, no sabes que esa procesión que llevas a hombros va a ir creciendo cuando empieces a convivir con la alergia. Y te sientes culpable si te ves obligada a dejar la lactancia materna; y si, en cambio, la puedes prolongar también te sientes culpable por cualquier descuido  en tu alimentación que pueda dañar a tu bebé; y te inunda la culpa por dejar a tu hija en otras manos que temes no extremen las mismas precauciones que tomas tú (porque no “controlan” el tema como tú lo haces y se les pueden escapar algún detalle); y te culpas por dejar algún envase  que no debías  a su alcance ( aunque sea en el cubo de la basura); y te  reprochas no haber evitado “esa reacción” que, a posteriori , ves evitable;  y no te perdonas no haber leído o releído bien una etiqueta; y sientes sobre ti la culpa de cualquier mínimo error que exponga a tu peque al alérgeno, porque te han dicho que la alergia puede desaparecer, y que en gran parte ese éxito depende de que “TÚ” lo hagas todo bien; y te recriminas no saber si esas nuevas ronchas que le han salido son de alergia o no lo son , porque injustamente piensas que ya deberías saberlo…

Pero es que hay tantas cosas que no sabemos…Entre ellas que la culpa es un sentimiento inútil y autodestructivo, y que no nos corresponde cargarla a nosotras. Porque no es culpa nuestra que la preparación al parto sea la única preparación que se hace a la maternidad, como si ser madre se redujese a parir; no es culpa nuestra que la conciliación brille por su ausencia y  que la precariedad nos obligue a  no poder demorar la reincorporación al mercado laboral por miedo a quedarnos fuera; no es culpa nuestra que en esta sociedad las mujeres seamos continuamente juzgadas y condenadas decidamos o no trabajar fuera de casa cuando somos madres (si  trabajamos por egoísmo, si no lo hacemos por abandonar nuestras carreras); y no es culpa nuestra que se nos inste a ser nuestras primeras juezas, rigurosas e implacables con el delito de no llegar a la excelencia; no es culpa nuestra que nadie nos enseñe a conocer y prevenir las alergias alimentarias, ni tampoco a afrontarlas sin malestar y autorreproches…

Así que tampoco pido tanto si digo que ya va siendo hora de que se de algún paso, por pequeño que sea, hacia la conciliación. Tampoco pido tanto si digo que ya va siendo hora de que se nos prepare para algo más que para parir. Tampoco pido tanto si digo que el panorama de la alergia precisa de una ayuda en la gestión emocional y no sólo diagnósticos y recetas de leche hidrolizada. Tampoco pido tanto.

Y tú, ¿también te sientes culpable? Aquí puedes compartirlo…


*“Biberón pirata” es aquel bibi de leche de fórmula que se suministra a los bebés al poco de nacer justo antes de iniciar la lactancia materna exclusiva. Se introduce de forma aislada, durante la estancia hospitalaria, mientras que se espera la subida de leche de la madre.

Con referencia al “biberón pirata” os recomiendo el post de Silvia Díaz autora del blog “Mi menú sin leche” del que incluyo enlace: http://mimenusinleche.com/el-biberon-pirata/

 

8 comentarios

  1. Si, me siento culpable y mucho. No he dejado de darle pecho hasta los dos años y medio pero esa jeringilla de leche artificial q le di en el nido xq no se agarraba al pecho me pesara toda mi vida. Y este sabado en una cafeteria la chica me dijo q las galletas saladas q tenia no llevaban leche, no se como pude fiarme, nos lo tuvimos q llevar corriendo a urgencias donde le administraron la adrenalina, si de todo esto siempre me sentire culpable…

    1. Querida Elena, que duro lo que cuentas…te entiendo taaaan bien…Sin embargo nadie nos había advertido el riesgo de esa primera toma de leche artificial aislada, por eso yo ahora lucho por difundir esta información al mayor número posible de mamás.
      Respecto a lo de la camarera, nos queda mucho por recorrer para que el servicio de hostelería llegue a entender las repercusiones de trasladarnos una información no comprobada o errónea. Estoy convencida de que esto irá cambiando, y este convencimiento me ha llevado a crear Tampocopidotanto. Gracias por tu testimonio. Un abrazo.

  2. Querida amiga. No alcanzo ni siquiera a imaginarme cómo debe ser convivir en casa con una alergia alimentaria como la que describes. Leo y releo cada entrada que escribes, pero es inútil. En mi casa como mucho han habido algunas intolerancias (lactosa, huevo, cereales…), que van y vienen a temporadas, nada serio. De lo que sí sé mucho es sobre lo que hoy escribes: la CULPA, así con mayúsculas. Cada resfriado, bronquitis, gastroenteritis y todo lo terminado en -itis ha supuesto (y lo sigue haciendo) un mazazo directamente al corazón. Del trabajo ni hablamos… malas madres hasta el final de nuestros días.
    Quiero decirte algo que sé que no te liberará de ese cargo de conciencia que te acompaña en todos tus días como mamá, lo leí no hace mucho en un artículo que hablaba sobre este tema y realmente creo que es una verdad como un templo, tan real como todo lo que escribes: LO ESTÁS HACIENDO BIEN, (lo estamos haciendo bien…) porque todas y cada una de las cosas que hacemos por nuestros hijos las hacemos desde el amor más absoluto. Y nos equivocaremos todos los días, tendremos despistes toda la vida, pondremos en peligro a los peques sin darnos cuenta. Pero eso es la VIDA, con mayúsculas tan grandes como las de CULPA. No te atormentes.

    Recuérdalo siempre, bonita.

    Un abrazo gigante.

    1. Querida Elvira,
      Qué bonitas tus palabras, y cuánta verdad, cuánta fuerza y cuánto ánimo hay en ellas. Tienes toda la razón: LO ESTAMOS HACIENDO BIEN. Gracias por recordármelo a mi y a todas las mamás que han leído este post.
      Un abrazo.

  3. Cuanta sabiduria hay en tus palabras, me siento tan identificada con lo que cuentas en cada entrada, mi niña hoy cumplió 8 meses y tiene aplv, Gracias sinceramente por compartir tus experiencias, aunque no lo creas son de mucha ayuda, saludos desde Honduras y yo tambien espero mi YES WE CAN!!

    1. Gracias por tu mensaje Johan, estoy convencida de que vuestro YES WE CAN también llegará. Recibe toda mi energía para que así sea. Un abrazo

  4. Identificado al 100%. Guardaré por siempre en mi memoria las palabras de la alergóloga que nos atendió de urgencias la noche en que nos enteramos de que nuestro hijo tenía Aplv: estáis jugando con la vida de vuestro hijo. “con dos cojones ” disculpas por la expresión.
    Quiero pediros un favor… no os atribuyais la exclusividad del sufrimiento y culpabilidad… los padres la sentimos por igual. Tampoco pido tanto no? 😉
    Gracias por tu blog

    1. Gracias Ismael por tu aportación y también por reivindicar las emociones de los papás en este terreno. Tienes toda la razón, tampoco pides tanto!!

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