El pan nuestro de cada día…

Soy de las que cuando compro el pan recién hecho no me resisto a darle un pellizquito en el camino a casa. Bueno o dos o tres… El pan, ese ingrediente tan imprescindible en nuestra mesa, el pan que no falte: “pa” mojar, “pa” empujar, “pa” rebañar y hasta “pa” quitarte la espinilla de pescado atravesada en la garganta.

Cuando compro pan en grandes superficies activo el modo FBI, ¡adelante gadgeto lupa!.  Mi misión: examinar los envoltorios en busca del “enemigo”, en mi caso leche o trazas de leche. En la exploración exhaustiva del etiquetado me voy encontrando con un elenco de los denominados  “mejorantes panarios” (aunque yo más bien calificaría de “empeorantes”),  una lista interminable de aditivos que comienzan por “E” seguida de sus ocho apellidos vascos, que si glutamato monosódico, que si esteres monoacetiltartárico …. .

 Sumergida en mi tarea investigadora, que aún puedo hacer sin necesidad de gafas de presbicia, muchas veces  mi hija me tira de la ropa demostrando su impaciencia (que a ella también le gusta recibir un pellizquito) y  yo le acerco el pan a la boca mientras pienso –“No, leche no tiene, pero sabe dios qué otras cosas te estoy dando”.

Si salimos a comer o a desayunar fuera suelo llevar pan conmigo para Alejandra, no me queda otra. Cuando pregunto en el bar de turno  si el pan contiene leche o trazas suelen mirarme con cara de asombro, “El pan no señora, ¡¡¿¿el pan como va a tener leche??!!!”- me dicen como si estuviera preguntando un disparate- “El pan es de panadería” (pensarán que eso aclara algo). Seguidamente replico: ”Ya, pero si en la panadería producen bollería  puede tener restos de leche”, ”Seguramente que no” prosiguen…

 Ante tal  exhibición de certidumbre muchas veces desisto, le saco a mi hija su pan y santas pascuas. Pero hay veces que insisto: “Mi hija es muy alérgica y tengo que asegurarme” Es aquí cuando viene la segunda parte…”Ah sí, mi sobrino (nieto, cuñado, vecino…) también tiene intolerancia a la lactosa” ¡¡Qué cruz!!!!! ¡Otra vez con la maldita confusión de la lactosa!. Desesperada acudo a mi último recurso…”Verá usted – digo  cogiendo aire y volviendo a activar el modo FBI– llevo adrenalina en el bolso porque si mi hija tomara leche le tengo que poner esto” y le muestro mi “arma Alltellus 150” precargada de adrenalina. Inmediatamente advierto el “acojonamiento” en los ojos del camarero que ahora titubea y me dice “Mmmmm…en realidad no estamos seguros, mejor no se lo dé”…

¿Mis soluciones? Siempre que puedo compro el pan procedente de un obrador de confianza que distribuye a varias panaderías cercanas a mi casa. Viene en bolsitas con varias piezas  o cortado en rebanaditas, perfecto para congelar.  Además suelo llevar también paquetitos de picos en el bolso, hay dos marcas muy buenas que sólo contienen harina, agua, levadura, sal y aceite, sin más títulos nobiliarios, por increíble que parezca, y de las que os incluyo fotos en la sección “producteca”. Además, en algunos restaurantes sirven el pan en envoltorios individuales donde también figuran componentes y trazas. No saben lo que se agradece, porque de este modo te aseguras de que no ha sido manipulado o contaminado con otros alérgenos. Por otro lado conozco a algunas mamás que se han comprado su propia panificadora en Lidl y están encantadas, yo no me he decidido por esa opción por falta de tiempo, pero no la descarto después de oír excelentes recomendaciones. De cualquier forma,  mentiría si no dijera que  ansío encontrar un sitio de confianza en el que mi peque pueda desayunar  su tostadita sin tener que llevarle yo su ración.

Señores y señoras hosteleros, probablemente tengan proveedores estables de tan socorrido alimento, ¿por qué no pedirles detalles acerca de la presencia de estos alérgenos?, así podrían informar con fiabilidad a una clientela (con alergias e intolerancias) que crece cada día. Y puestos a pedir, ¿por qué no abastecerse de  algunas variedades de pan apto para este otro público?, en los tiempos que corren, seguro que fidelizarían a más de un cliente 😉

Que digo yo, que ¡¿Tampoco Pido Tanto, no?!.

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